Cru Vinoteca Sanxenxo

CRU nace como una reinterpretación de la vinoteca clásica. Más que diseñar un local, el objetivo fue crear una experiencia capaz de transportar al visitante a un ambiente completamente distinto al de un bar convencional. Situado en una plaza del centro de Sanxenxo, el proyecto busca provocar una sensación de desconexión con el exterior, envolviendo al usuario en una atmósfera íntima, cálida y profundamente ligada a la cultura del vino.

Localización: Sanxenxo
Año: 2026

El respeto por el producto fue el punto de partida del proyecto. Nuestros clientes transmitieron desde el primer momento la importancia del vino y la voluntad de ofrecer un espacio digno donde disfrutarlo. Esa idea dio forma a todo el concepto arquitectónico e interiorista, inspirado en la esencia de las bodegas tradicionales y en la filosofía del vino artesanal: autenticidad, experimentación y producción cuidada.

El local original presentaba una planta prácticamente cuadrada, con techos planos, pilares centrales y un acceso situado en una esquina. La intervención consistió en replantear completamente la distribución, manteniendo únicamente la ubicación de los baños y adaptando el programa para incorporar una vinoteca, zonas de almacenamiento de vino y barriles, cocina, barra y espacios destinados a diferentes formas de uso.

La principal operación arquitectónica fue cambiar los ejes del espacio mediante la incorporación de una gran bóveda catalana de ladrillo que atraviesa longitudinalmente el local. Este nuevo elemento organiza toda la intervención, estructura la circulación y divide el establecimiento en distintas áreas con identidades propias. Más que un recurso formal, la bóveda recrea la sensación de encontrarse bajo una bodega, convirtiéndose en el verdadero corazón del proyecto.

La fachada se organiza mediante tres grandes ventanales alineados con los tres núcleos principales del programa: barra, vinoteca y charcutería. Desde la plaza apenas se percibe una cálida iluminación que Al cruzar el umbral, sorpende con una bóveda de ladrillo envuelve inmediatamente al visitante y marca el inicio de una experiencia espacial completamente diferente.

La nueva distribución genera un cuerpo central de mayor altura y presencia, mientras que a ambos lados aparecen espacios más contenidos e íntimos. Uno de ellos alberga la vinoteca con la selección de vinos, mientras que el otro acoge un reservado conectado visualmente con la cocina mediante una ventana de charcutería que permite observar el proceso de elaboración de los platos. La cocina deja de ser un espacio oculto para convertirse en parte de la experiencia gastronómica.

La contrabarra funciona como un gran plano arquitectónico revestido por estanterías metálicas retroiluminadas que exhiben las botellas y aportan profundidad al espacio. Tras ella se ocultan discretamente las áreas de almacenamiento y servicio, manteniendo una imagen limpia y ordenada.

El proyecto debía responder a un programa muy flexible. Durante el día funciona como una vinoteca y espacio gastronómico, mientras que por la noche se transforma en un lugar de encuentro para tomar copas. Además, uno de los requisitos del cliente era que el local pudiera acoger retransmisiones deportivas sin perder su identidad. Para ello, las pizarras donde se escribe diariamente la carta a mano integran discretamente las pantallas de televisión, permitiendo que el espacio cambie de carácter según el momento del día sin renunciar a su personalidad.

La materialidad establece un diálogo constante entre tradición y contemporaneidad. El ladrillo se convierte en el elemento protagonista por su capacidad de conectar el pasado con el futuro. Es un material atemporal que ha acompañado la arquitectura durante siglos y que continúa plenamente vigente. Revestir la bóveda y parte de la fachada con este material permite expresar hacia el exterior la identidad del proyecto y reforzar la imagen de marca de CRU.

La colocación escalonada del ladrillo en el acceso del local evoca la construcción manual, el paso del tiempo y el proceso artesanal, invitando al visitante a adentrarse en el interior. En contraste, detalles de acero, hormigón, vidrio e iluminación integrada introducen un lenguaje contemporáneo que simboliza la innovación y el futuro.

Cada elemento fue diseñado específicamente para el proyecto. Las encimeras de vidrio iluminadas desde su interior funcionan como auténticas cajas de luz, mientras que la madera OSB, trabajada de forma estructural, aporta calidez, textura y una identidad singular al conjunto. Los materiales más industriales —como el acero, el hormigón y la iluminación indirecta— se concentran en la zona de trabajo y la barra, reforzando su carácter técnico. En cambio, las áreas destinadas a los clientes incorporan materiales más cálidos y confortables, como tapicerías textiles, madera e iluminación tenue, favoreciendo una estancia relajada.

La iluminación desempeña un papel esencial en la construcción de la atmósfera. Todo el proyecto persigue un juego de penumbras y sombras que intensifica la percepción de los materiales y convierte la luz cálida en un elemento protagonista. Un gran espejo situado sobre la barra amplifica la profundidad del espacio mediante reflejos, incrementando visualmente sus dimensiones.

El recorrido continúa hacia la zona de los baños a través de dos pasillos concebidos como una transición sensorial. La vegetación seca y una iluminación cuidadosamente pensada evocan un paisaje natural que acompaña al visitante hasta un ambiente completamente distinto. En contraste con el resto del proyecto, los baños adoptan una estética más atrevida y provocadora, dominada por tonalidades rojizas que remiten al vino. El mural de Inkiostro Bianco, de inspiración surrealista y con referencias figurativas y religiosas, convierte este espacio en una experiencia inesperada que no deja indiferente a quien lo visita.

Concept Habitat desarrolló el proyecto de forma integral, diseñando la arquitectura interior, el mobiliario, la selección de materiales, la iluminación, los elementos a medida y toda la identidad visual y corporativa de la marca.

CRU es un espacio que evoluciona con el paso de las horas. Una vinoteca durante el día, un bar de encuentro por la tarde y un lugar para disfrutar de la noche. Un proyecto donde arquitectura, luz, materiales y gastronomía construyen una experiencia que rinde homenaje al vino desde una mirada contemporánea.

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